Semiótica de la imagen.

La imágen fotográfica

Este es material tomado de una web de mi interés para realizar algunos prácticos de FOTOGRAFÍA. Espero sea de utilidad. Si puedes deja tus comentarios…

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Semiología de la Imagen

1. El proceso semiótico en un enfoque cognitivo

Introducción

El contenido de la comunicación es por esencia una información y ésta ha de estar relacionada con el conocimiento de quién la emite, al mismo tiempo que su objetivo o finalidad será lograr también un conocimiento en el destinatario, de lo contrario se podría dudar de la utilidad del proceso (no prejuzgamos nada en relación al valor o a la importancia que se pueda dar a ese conocimiento, ni tampoco acerca de su eventual conservación u olvido).

El descubrimiento de lo anterior por parte de los especialistas (principalmente comunicólogos y psicólogos) ha llevado numerosos centros académicos e incluso centros rectores a nivel nacional, como el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia, a considerar que las «ciencias de la comunicación» y las «ciencias cognitivas» forman en realidad un sólo y mismo campo de estudio.

Como consecuencia de esta convergencia, la semiótica se ha visto interpelada y los múltiples modelos explicativos del proceso semiótico se han ido revisando y ajustanco en los últimos años. No pretendemos aquí participar de este proceso de revisión, modelo por modelo, sino exponer los factores que nos parecen claves a la luz de nuestra investigación acerca de la explicación cognitiva del fenómeno de la comunicación, estudio que hemos publicado en nuestro libro titulado “Teoría Cognitiva Sistémica de la Comunicación”. Pero nos limitamos a lo que puede tener importancia en materia de “semiología de la imagen”.

1.1. ¿qué es la representación?

Uno de los postulados esenciales del cognitivismo es que el conocimiento es una representación simbólica de lo real. Hemos de aclarar aquí qué se entiende por “representación” y recordar los supuestos epistemológicos en los cuales, junto con los cognitivistas expertos, basamos nuestro análisis.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “representación” significa “figura, imagen o idea que substituye a la realidad”; según el Larousse, se trata de la “imagen de un objeto, dada por los sentidos o por la memoria”. Aunque implícito en la segunda definición, podemos advertir que la idea de substitución está presente en ambos casos. Acumulando las precisiones o complementos que admiten ambas definiciones y considerando el significado técnico que asumiremos aquí, hemos de recalcar que el término “representación” se aplica tanto a los estados mentales cuyo origen es el proceso perceptivo consciente como a expresiones externas, modelos y enunciados -en algún lenguaje o mediante alguna técnica de reproducción-. Aunque todas éstas sean entidades de muy variada naturaleza, todas ellas comparten un rasgo esencial: siempre están ligadas a otra entidad a la cual remiten. En otras palabras, una representación es tributaria de un vínculo (la “relación de representación”) que la une a algún “referente” por la mediación de su contenido (cfr. Perner, p.30).

Figura R-1. Relación de representación
Es fundamental entender a la representación como un medio con contenido propio y establecer la diferencia entre este contenido y el referente. La confusión entre estos elementos puede llevar a enormes dificultades para la comprensión de los procesos mentales, así como ha causado grandes problemas en diversas épocas y escuelas de la filosofía (Perner, p.30).

Este esquema también nos puede ayudar a comprender que la representación no es simplemente una “imagen de un referente” (usando aquí imagen en el sentido psicológico -que no se limita a lo icónico-), sino que representa un referente de una determinada manera (“as being a certain way”, en el original de Perner, según anota el traductor). De este modo, hay que distinguir entre el objeto real (que es el referente) y lo que la mente se representa como referente, que no es lo mismo. Lo que la mente se representa “como referente” es lo que hemos de llamar “sentido” o significado de la representación. Así, como lo muestra el gráfico corregido, la relación con el referente pasa por el sentido, el cual puede apuntar certera o equivocadamente hacia el referente, y depende de la existencia de otros referentes y de otros contenidos mentales.

A diferencia de las relaciones físicas, la relación de representación sólo vincula la representación con ciertos aspectos de un objeto y no con el objeto en tanto tal, aspectos en los cuales puede influir el contexto.

Figura R-2. Relación de representación corregida

También debemos aclarar aquí la existencia de una diferenciación entre “representación” -mental- e “imagen mental”. Según lo autores constructivistas, la imagen psíquica es la proyección cortical de los perceptos, en cuanto forma una unidad que se corresponde con el referente (visual, auditivo o de otro tipo), antes de ser analizada por el cerebro e identificada semánticamente (“re-conocida”) es de cir de llegar a aparecer como “teniendo un significado”. La representación interna -aún la primaria- correspondería a la toma de conciencia a partir de esta proyección interna de la percepción externa. La representación implica “presentar” de modo que resulten significativos (identificatorios, re-conocibles) aspectos claves de un objeto-referente, lo cual implica interpretación. Lamentablemente muchos autores no hacen tal distinción (*) y, en particular en las citas que se encontrarán a continuación, podremos encontrar los términos “imagen mental” utilizados en sel sentido de “representación”.

(*) Algunos autores incluso, como Damasio, utilizan estos términos en forma opuesta, hablando de “representación neural” para los perceptos recibidos y de “imagen” para el contenido de la conciencia.

Las características de la relación de representación, tal como la define Perner, son básicamente cuatro:

“1. Asimetría: La imagen te representa, pero tú no representas la imagen (*).

(*) Aquí y en las otras citas, téngase presente lo dicho acerca del significado del término “imagen”, generalmente usado por “representación” -principalmente externa- (y no referido exclusivamente a lo icónico).

2. Singularidad: Tu imagen te representa a ti, aun cuando sea indiscernible de una imagen de tu gemelo idéntico.
3. Representación errónea: Para cualquier representación es posible representar de manera errónea. [...]
4. No existencia: El objeto o situación descrita en una imagen no tiene necesidad de existir.” (Perner, p.34)

1.2. el carácter peculiar de la representación mental

El tema de la existencia de las representaciones mentales es un tema controvertido, a pesar de que nadie -al parecer- duda de la existencia de los procesos mediante los cuales el hombre percibe, conserva y compara sus experiencias perceptivas, siendo capaz, además, de producir -por ejemplo- retratos de los objetos visualizados e incluso de objetos inexistentes.

La controversia, obviamente, contradice nuestra experiencia y nuestro sentido común:

“Hablamos con perfecta seguridad de las imágenes mentales que tenemos, de su claridad o de su vaguedad, de los detalles que presentan o de que carecen, de su manipulación o exprimentación. Podemos describirlas, representarlas gráficamente, compararlas con otras imágenes o con los objetos que reproducen. Sabemos lo que significa poder o no poder evocar una imagen, y podemos comparar nuestra experiencia de las imágenes con la de otra gente. En realidad, el discurso sobre las imágenes apenas es menos intersubjetivo, en este sentido, que el discurso sobre los objetos.” (Goodman, p.103)

Sin embargo, ¿qué son esas representaciones? No tienen ningún soporte material. En realidad, no las “vemos” ni oímos, ya que no usamos los ojos ni los oídos para captarlas. No tenemos en la cabeza ningún “micro-cine” que nos las proyecte, como bien acotan Goodman (p.104) y Maturana (“El arbol…”, p.88).

Podemos reconocer inicialmente dos tipos de representaciones mentales: las que surgen circunstancialmente en el momento en que realizamos alguna acción, rápidamente reemplazadas por otras a medida que las circunstancias cambian (conforme a los datos transmitidos por nuestros órganos de percepción), y las que permanecen en la memoria, estabilizadas en forma de conocimiento adquirido y que pueden ser evocadas -normalmente- a voluntad.

En ambos casos, las representaciones pueden adquirir tres formas diferentes:

“- Las representaciones proposicionales que toman el aspecto de las estructuras predicativas del lenguaje, particularmente adaptadas por este hecho a las diversas formas de la comunicación;
– Las representaciones icónicas, conformes a las estructuras espaciales propias de la percepción visual;
– Las representaciones asociadas a la ejecución de acciones y tributarias, por lo tanto, de la sensomotricidad bajo la forma de encadenamientos de estados ligados a actividades estructuradas en el tiempo.” (Vignaux, p.212)

En realidad esta clasificación propuesta por Vignaux debería ser corregida y la segunda categoría ampliada: existen hoy suficientes evidencias de que existe un tipo de representación asociado a cada tipo de órgano de percepción, así que no sólo existen “representaciones icónicas” sino varias formas de representaciones sensoriales (auditivas, tactiles, gustativas). En todos los casos, las representaciones -desde el punto de vista psicológico- constituyen modelos mentales del entorno del sujeto y de sus acciones en este entorno, modelos que son los utilizados para regular y planificar la conducta (cfr. Denis, p.33). No pueden separarse las representaciones de las conductas:

“Los procesos que, en el tratamiento de la información, construyen o utilizan representaciones, se encuentran siempre integrados a la economía general de las conductas. Las representaciones son interpretables como las bases funcionales de estas conductas, como estructuras permanentes que sirven de ancla a conductas por esencia circunstanciales. Esta idea tiene como corolario que no se puede formular hipótesis alguna acerca de las representaciones mentales sin un esfuerzo de especificación de los procesos que actúan sobre dichas representaciones . El tomar en cuenta, por parte del investigador, los «pares» representación-proceso es cada vez más generalmente tomado como un imperativo epistemológico de la psicología cognitiva.” (Denis, p.33)

¿Qué es lo que ocurre realmente? Al ocurrir el fenómeno de la percepción, los impulsos percibidos son encaminados hacia la corteza cerebral (y, más específicamente, hacia determinadas áreas de la corteza, ya que ésta tiene una organización espacial muy clara y vinculada a la localización de los detectores) donde se producen múltiples interacciones y algunos cambios estructurales que, en determinadas circunstancias, pueden hacerse permanentes. La primera “proyección” cortical -donde llegan y terminan su proceso de transmisión las neuronas perceptoras- constituye la “imagen” perceptual, pero ésta se analiza luego de tal modo que sus componentes son disgregados y transformados en “disposiciones”, que son las que son comparadas con disposiciones existentes para el efecto del “reconocimiento”. Lo que llamamos representación mental es el producto de esta actividad, cuando de él tomamos conciencia.

Es importante conceder el aspecto eminentemente dinámico (e inmaterial) de las representaciones mentales, pero no por ello hemos de renunciar a un concepto que podemos definir técnicamente y que resulta de extrema utilidad para la investigación cognitiva. En especial su mantención nos facilita comprender cómo es posible que la observación inmediata y la rememoración puedan ser fuentes idénticas de una actividad correlacionada como podría ser enunciar una descripción verbal o realizar un dibujo representativo.

Las representaciones mentales se constituyen sobre la base de percepciones de objetos externos, y no debemos -obviamente- definirlas o estudiarlas como unas -extrañas- «imágenes fotográficas» que tendríamos en la cabeza, sino en relación con estímulos potenciales comparables en todo a los estímulos externos que reciben nuestras células perceptoras. Está demostrado empíricamente que los mismos procesos se encuentran en la base de la percepción y de la imaginación (cfr.Shepard, p.249). ¿Y cómo llamaríamos el producto de la actividad imaginativa, sino representación (o “imagen mental”, en el sentido común y no técnico que muchos autores dan a estas palabras)? ¿Cómo llamar el estado -en su conjunto- de las áreas corticales activadas por un fenómeno perceptivo dado? ¿Y cómo llamar el recuerdo de este estado, que puede ser rescatado y “reactivado” también a través de la imaginación? A falta de un neologismo, la mayoría de los cognitivistas sigue usando el término “representación”, aunque en el entendido de que su naturaleza difiere de las representaciones materiales externas utilizadas para efectos de conservación o comunicación.

1.3. la producción mental del significado

La neurofisiología muestra claramente el rol interactivo de las diferentes estructuras cerebrales y el papel fundamental que desempeñan sus conexiones para permitir tanto la coordinación de los movimientos como la producción de respuestas basadas en la acumulación de experiencias previas (aprendizaje).

La reentrada de señales (reiteración), por lo tanto, modifica los circuitos reforzando las conexiones cuando se dan condiciones similares y debilitándolas en caso contrario, dando origen paralelamente a la memoria y al fenómeno de “conceptualización”, dando al término “concepto” una acepción amplia que abarque los fenómenos de categorización previos incluso a la adquisición del lenguaje. Ésta implica la capacidad de regular el comportamiento de manera general, reaccionando de manera similar en situaciones que se asemejan. Supone la capacidad de establecer relación entre una categoría perceptiva y otra, aunque la segunda sea aparentemente diferente de la primera y sin que haya sido estimulada desde el exterior, como puede ocurrir al recordar o imaginar algo (Ver Figura E-1). Esta actividad de establecimiento de relaciones es la que llamamos “pensar”, aunque olvidamos muchas veces que el lenguaje no es constutivo de ella, sino una forma más avanzada.

Figura E-1. Asociación de experiencias semejantes

Los “significados”, o sea las categorizaciones conceptuales, descanzan en una mezcla de relaciones que unen impulsos provenientes del mundo real (externo), de los recuerdos y de los comportamientos pasados; y las áreas cerebrales que las controlan pueden operar sin entradas directas o con entradas que provienen de diferentes “fuentes” (como algo visto y algo loído).

Las representaciones externas (como las que hemos llamado “iconos” para mayor claridad -y para no confundir con las imágenes mentales-) son percibidas del mismo modo que los referentes (o “realidad primaria”) y generan, en consecuencia, también una representación mental, que no es la misma que la que genera el referente primario. Es entonces la mente que ha de encontrar los elementos que permiten asociar un tipo de representación con el otro a partir de los “mapas mentales” asociados.

Figura E-2. Mapas mentales asociados por reentradas

La Figura E-2 muestra cómo dos mapas de grupos neuronales (las que -en términos semióticos- pueden corresponder a dos formas distintas de un mismo significante, o sea dos representaciones externas que apuntan a un mismo referente) reciben entradas independientes. Capa mapa reacciona a condiciones específicas (diferentes), pero entre ambos existen fibras nerviosas que transportan señales de uno a otro. La repetición de ciertas señales (neurales) establece una asociación preferencial (mediante modificación sináptica) que hace que ciertas respuestas del mapa 1 quedarán ligadas a respuestas del mapa 2, formándose así un “par de clasificación”. Este par establecería entonces la equivalencia de dos representaciones distintas de un mismo referente. Es lo ocurre en el caso del isomorfismo (como cuando miramos un objeto y lo comparamos con su fotografía) como lo ilustra el cuadro que sigue.

Figura E-3. Ejemplo de asociación de mapas mentales

1.4. modelos gráficos

Podemos ahora sintetizar todo lo anterior en dos modelos gráficos, el primero (R-3) en términos de la psicología cognitiva, el segundo (R-4) en términos semióticos más clásicos y el tercero (R-5) combinando ambos aspectos.

Figura R-3. Modelo cognitivo

Figura R-4. Modelo semiótico básico

Figura R-5. Modelo semiótico-cognitivo

Como es posible observar en R-4, volvemos así esencialmente a un modelo triádico. La definición de “significante” -como clase de las representaciones con idéntico significado- se puede explicarse biológicamente en función de la “Teoría de la Selección de los Grupos Neuronales” de G.Edelman como un conjunto de mapas neuronales fuertemente asociados entre sí, de tal modo que provocan idéntica respuesta motora (“acoplamiento de las salidas de un conjunto de mapas interconectados de modo reentrante con el comportamiento senso-motor”).


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bibliografía

COLLE,R.: “Teoría Cognitiva Sistémica de la Comunicación”, Santiago de Chile, Ed.San Pablo, 2002.
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EDELMAN, .: “Biologie de la conscience”, Paris, Odile Jacob, 1992.
HESSEN,J.: “Teoría del Conocimiento”, Bogotá, Ed.Universales, 198
MATURANA,H. y VARELA,F.”El árbol del conocimiento”, Santiago de Chile, OEA, 1984.
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VIGNAUX,G.: “Les sciences cognitives: Une introduction”, Paris, La Découverte, 1991.

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Publicado por el 13.7.09
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